Un engranaje centenario, listo para la acción


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El primer molino aserradero se construyó alrededor de 1643, pero en 1773 quedó prácticamente arrasado por un incendio. Unos años más tarde, el molino fue reconstruido por el nuevo propietario.


En los dos últimos siglos, el molino De Salamander fue propiedad de diferentes comerciantes en madera. A finales del siglo XIX, el molino se adaptó a los tiempos modernos, se le dotó de cuatro bastidores y de un motor a vapor que permitía continuar serrando aunque no hubiera viento.

En 1953, cerró De Salamander y, con el paso del tiempo, el deterioro empezó a hacer cada vez más mella en el molino.

Desmantelado con esmero
Lo que en otra época fue símbolo de poder e industria, se convirtió, con los años, en un mero recuerdo del pasado. Aunque su derribo parecía inevitable, este no tuvo lugar porque las instancias responsables exigieron que un constructor de molinos llevara a cabo la demolición. Y esto era demasiado caro.

Pero, llegó 1985 y todo cambió. Se creó la fundación De Salamander para desmantelar el molino con cuidado. Se retiró y embaló cuidadosamente la cubierta. Se numeraron y catalogaron las vigas y se desmontó, poco a poco, el armazón que se guardó, por separado, en un lugar seco y al cobijo del viento.

Métodos tradicionales

Molen De Salamander met eenden op de voorgrond
Gracias a las subvenciones de las autoridades locales y al patrocinio de las empresas y los amigos de De Salamander, el molino volvió a la vida.
En 1989, se reconstruyó más cerca de las orillas del río. Las obras fueron muy complejas, pero finalmente, el 25 de octubre de 1995, el molino aserradero volvió a cortar madera siguiendo el método tradicional. En el molino se corta la madera en tablas sin desbastar para su uso en suelos, muebles, restauración de barcos, etcétera. Pregunte al molinero, que le contestará con mucho gusto a sus preguntas.

Conservado con orgullo y entusiasmo

El molino aserradero De Salamander desempeña un papel importante en la historia de Leidschendam y perfila, en gran parte, su centro histórico, cerca del canal Vliet. Es único en su clase y, sin duda, es un monumento del que podemos estar orgullosos. Gracias al apoyo de las autoridades, los patrocinadores y los entusiastas voluntarios, la fundación De Salamander puede conservar su molino.